Según Patrick McNamara, neurocientífico y profesor de la Universidad de Boston, estos momentos se conocen como sueños de visita. Suelen ocurrir en personas en duelo y tienen una carga emocional particular. McNamara los describe como experiencias en las que el fallecido aparece “muy vivo”, a menudo para transmitir tranquilidad o paz. Aunque su enfoque es psicológico, admite que incluso él, siendo escéptico, se sintió profundamente conmovido por la convicción de haber comunicado realmente con sus padres fallecidos a través de este tipo de sueños. Sugiere que estos sueños pueden tener un propósito psicológico profundo: ayudar a la mente a procesar el dolor, mantener la conexión emocional y aceptar la pérdida, suavizando sus aspectos más agudos.
La investigación respalda este efecto sanador. Un estudio de 2014 publicado en el American Journal of Hospice and Palliative Care descubrió que los sueños con personas fallecidas no solo son comunes, sino profundamente significativos. Los participantes describieron con frecuencia haber visto a sus seres queridos sanos, en paz o compartiendo mensajes reconfortantes. De manera similar, un estudio canadiense de 2016 reveló que más de dos tercios de las personas en duelo consideraban estos sueños como “visitas”, y la mayoría afirmó que estas experiencias reforzaron su creencia en la vida después de la muerte.