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Diez de cada diez lavadoras pueden secar, pero solo unas pocas conocen esta función.

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Es recomendable dar la vuelta a la ropa después de unas horas. Esto se debe a que el agua drena más lentamente por las costuras internas y las partes más gruesas (como bolsillos o cinturones). Dar la vuelta a la ropa permite que el aire llegue a las zonas previamente obstruidas. También es útil colocar la secadora en el lugar más seco de la casa o cerca de un deshumidificador. La secadora absorbe la humedad de la ropa, lo que no solo acelera el secado, sino que también mantiene el aire más fresco.

Cuando una plancha se convierte en secadora
Planchar es una de las formas más antiguas de eliminar la humedad residual de la ropa. Si la tela soporta altas temperaturas, extiéndala ligeramente húmeda sobre una tabla de planchar y plánchela sin subir la temperatura. No se preocupe por el vapor que sube: no proviene de la plancha, sino del agua que queda en la ropa, que se evapora con el calor.

Sin embargo, la moderación es clave: nunca uses una temperatura más alta de la que indica la etiqueta de cuidado de la prenda, ya que las fibras húmedas pueden ser más susceptibles al lavado. Este método funciona especialmente bien con camisas y camisetas de algodón porque, además de secar, también elimina las arrugas al instante, dejando la prenda lista para usar directamente desde la tabla de planchar.

Estos sencillos trucos no solo ahorran tiempo, sino que también ayudan a que moverse por casa en invierno sea menos estresante. Con un poco de atención y un uso responsable de nuestros electrodomésticos, podemos evitar olores a humedad y largas esperas.

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