Consumir patas de pollo también aporta otros beneficios, tales como:
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Disminuir la presión arterial.
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Reducir el estrés.
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Equilibrar el sistema hormonal.
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Fortalecer el sistema inmunológico.
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Rejuvenecer la piel gracias a su alto contenido de colágeno.
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Acelerar la cicatrización de heridas.
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Fortalecer los huesos y las uñas.
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Mantener encías saludables.
Ricas en colágeno. Benefician al estómago.
Enriquecen las plaquetas.
Combaten la gripe y los resfriados.
Aportan beneficios a personas en período de recuperación.
Las patas de pollo cumplen todas estas funciones porque son ricas en colágeno, en una cantidad similar a la que se encuentra en los huevos y la gelatina. El colágeno aporta elasticidad a la piel, mejora la absorción de calcio en el organismo y fortalece las articulaciones.
Cómo prepararlas
Solo necesitas hervir agua en una olla. Cuando hierva, agrega 8 patas de pollo (limpias y sin uñas), 1/2 cebolla, 1 diente de ajo, 2 ramas de cilantro y sal al gusto. Cocina durante 40 minutos ¡y listo! Puedes comerlas con el caldo o utilizarlas en otros platillos.
Como puedes ver, vale la pena incluir con frecuencia las patas de pollo en la dieta. La mejor forma de hacerlo, si no te gusta esta parte del pollo, es beber el caldo. No agregues demasiadas patas a la sopa, ya que harán un caldo muy espeso. Para una olla de sopa, bastan de 4 a 6 patas de pollo. Si es una porción para una sola persona, prepara el caldo con dos patas de pollo.