Mis abogados respondieron a todos los mensajes de la misma manera:
“Toda comunicación debe pasar por un asesor legal”.
Finalmente, las llamadas cesaron.
Porque a quienes intimidan a otros no les gustan las puertas cerradas.
Y la primera noche que dormí sola en mi apartamento, puse el anillo de bodas de Gideon junto al mío y susurré un gracias en voz baja.
No por la riqueza.
Sino por ver a mi familia con la suficiente claridad como para protegerme de ellos, para poder llorar sin que me robaran al mismo tiempo.