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Este mensaje está dedicado a todos los abuelos.

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Una cena sencilla que se convirtió en un momento inolvidable
La semana pasada, llevé a mis nietos a cenar a un restaurante. Se suponía que sería una comida sencilla y tranquila.

Antes de que llegara la comida, mi nieto de seis años me miró con ojos brillantes y preguntó educadamente: "Abuelo, ¿puedo bendecir la mesa?".

Por supuesto, dije que sí.

Todos en la mesa inclinaron la cabeza mientras el niño juntó las manos y comenzó su oración.

Una oración que hizo que todo el restaurante escuchara
Con su voz dulce e inocente, dijo:

"Dios es bueno, Dios es grande.
Gracias por la comida... y te lo agradecería aún más si el abuelo nos trae helado de postre.
¡Y libertad y justicia para todos! ¡Amén!"

Por un breve instante se hizo el silencio.

Luego, una suave risa recorrió las mesas cercanas. Algunos sonrieron ante la sinceridad del niño.

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