Las revelaciones de Amanda se volvieron más oscuras a medida que indagaba en el pasado de Scott y su participación en una secta que practicaba rituales extraños y buscaba aumentar el número de hombres. "Everly, tienes que entender el peligro que corres. Scott no es quien parece. Solo te está utilizando", insistió.
La sorpresa me paralizó. "¿Pero por qué? ¿Cómo te enteraste de todo esto?", pregunté con voz temblorosa.
"Maya se enteró de alguna manera. Intentó denunciarlo y luego tuvo un accidente", susurró, tomándome la mano. Tienes que tener cuidado. No le digas lo que has descubierto. Finge que está pasando hasta que tengamos un plan de escape.
Fue demasiado. Me puse de pie, pero mi cuerpo me traicionó. Me tambaleé y perdí el conocimiento.
Horas después, mientras yacía en una cama de hospital, el médico me dio otra noticia impactante: estaba embarazada.
*
La terrible advertencia de Amanda resonó en mis oídos mientras caminaba a casa, aturdida por descubrir que estaba embarazada y atrapada en la siniestra red de Scott.
"Quiere que le des un hijo para su secta", dijo. Sus palabras resonaron en mi cabeza, aumentando mi miedo al entrar en la casa. Por suerte, la casa estaba en silencio, lo que me dio tiempo para pensar y prepararme.
Cuando Scott finalmente llegó, estaba lista, con el corazón latiendo con fuerza. "Tenemos que hablar", dije, mirándolo a los ojos con fingida tristeza. "Estoy embarazada".
La breve alegría de Scott se convirtió en ira cuando le mostré el frasco vacío. "Pero decidí interrumpir el embarazo y me lo quité enseguida..."
"¿Qué hiciste? ¡Everly, esto es imperdonable!", gritó Scott, sonrojándose y extendiendo la mano como si quisiera golpearme. Pero se giró, agarró un jarrón y se abalanzó sobre mí.
En ese momento, la policía irrumpió y lo arrestó por agresión y asesinato de su expareja. Mientras esposaban a Scott y se lo llevaban, apareció Amanda, y su presencia me tranquilizó.
Momentos después, cuando los agentes terminaron su trabajo, yo estaba cuidando a la pequeña Ella, con Amanda sentada a mi lado. Sus palabras aportaron paz y validación a ese momento de confusión.
"Vas a ser una madre maravillosa", me dijo.
Sonreí y miré por la puerta, al coche patrulla... directo a la cámara.
"¡Corten! ¡Esa fue una toma perfecta!", gritó el director, y todo cambió. Me reí cuando Scott, mi esposo y colaborador, me abrazó y elogió mi actuación.