Zosia tenía 10 años.
Era una niña alegre y vivaz.
Le encantaba dibujar y reír.
Su mayor sueño era una bicicleta.
Una roja, con una cesta en la parte delantera.
Sus padres no tenían mucho dinero,
pero la querían muchísimo.
Se acercaba su cumpleaños.
Zosia estaba muy emocionada.
Hablaba de su sueño todos los días.
Su madre solo sonreía.
Su padre permanecía callado y pensativo.
Quería hacer realidad su sueño.
Trabajó más de lo habitual.
Llegó a casa cansado pero feliz.
Finalmente, lo consiguió.
Compró la bicicleta de sus sueños.
La escondió en el garaje.
Esperó ese día tan especial.
Llegó su cumpleaños.
Hubo una pequeña fiesta en casa.
Había un pastel y unas velas.
Zosia estaba muy contenta.
Cantaron "Feliz cumpleaños".
Sopló las velas y sonrió.
Su padre dijo: "Tengo una sorpresa para ti".
Le tomó la mano.
Caminaron juntos hasta el garaje.
Abrió la puerta lentamente.
Zosia vio la bicicleta.
Sus ojos se iluminaron.
Empezó a saltar de alegría.
Abrazó a su padre con fuerza.
Ella dijo: "Es el día más hermoso".
Quería montar en bici enseguida.
Papá estuvo de acuerdo.
Salieron.
Zosia se subió a su bici.
Estaba tan feliz.
Montaba y reía.
Sus padres la observaban con orgullo.
De repente, todo cambió.
Un coche apareció de la nada.
Un grito, un ruido, silencio.
El mundo se detuvo en un instante.
Zosia yacía en el suelo.
La bici estaba a su lado.
Mamá gritó.
Papá no podía moverse.
La ambulancia llegó rápidamente.
Pero no fue suficiente.
Zosia falleció ese mismo día.
La casa quedó en silencio.
La bici se quedó en un rincón.
Nadie la tocó más.
Sus padres la miraban todos los días.
Y recordaban su sonrisa.
Porque a veces los momentos más bellos...
duran menos.